martes, mayo 31, 2011

Mi querido banquero

Lo llaman sesgo de atribución: cuando apruebo aprobé, cuando suspendo me suspendieron.

Cuando consigo pagar la hipoteca compré mi casa; cuando no, fué el infame banquero el que me la robó.

La avaricia de la banca, sus quiebras extremas y sus extremos beneficios, son muestras del Valor de la avaricia instalado en nuestra civilización. Nuestro pasado de acumuladores de basura, de recolectores del vertedero, está tan presente que no nos queda más que acusarles a ellos, a la muestra más exquisita de esta herencia, para soportar nuestra imagen reflejada en el espejo.

Decía Bateson que en la naturaleza todos los parámetros tienen su punto óptimo, fuera del cual resultan dañinos por exceso o por defecto. Decía que todos excepto uno: el dinero.

En algún momento, quizás cegados por el brillo de la poderosa metáfora que es el oro , perdimos la referencia de los niveles adecuados para mantener la estabilidad del sistema, y el sistema no tarda en recordarnos de que es capaz de recuperar por su cuenta dicha estabilidad... o estallar en una imparable escalada...

En fín, que mientras tanto quizás nos consuela atacar a ese pobrecito banquero codicioso que todos llevamos en nuestro interior...como suele suceder, atacar fuera lo que nos incomoda... dentro...

1 comentarios:

webmacc dijo...

Interesantísimo enfoque. Somos el resultado de nosotros mismos. Por más que la actitud del negocio bancario sea criticable, el ajuste, que el sistema está ejerciendo, pondrá en su lugar a quienes estábamos (irrealmente) por encima del que nos correspondía.